No hablamos de un futuro lejano ni de rascacielos imposibles. Esta obra se sitúa en el borde inmediato del calendario: lo que está por venir en apenas un día. El cartel juega con la literalidad de las palabras, invitándonos a pensar cómo el presente que habitamos construye el mañana que encontraremos al despertar. La ciudad no es un sueño distante, sino el reflejo de nuestras acciones cotidianas, repetidas y proyectadas hacia ese futuro tan cercano como inevitable: el día de mañana.