Así habla mi ciudad…Mendoza. Donde la montaña toca el cielo y el Aconcagua es guardián eterno. Aquí, el otoño pinta de oro las hojas de la vid, y el vino es más que una bebida: es nuestra sangre, nuestra historia, nuestra fiesta. En estas calles, decimos “choco” al perro y “pandito” a las aguas mansas donde hacemos pie. Si la calle «topa», simplemente llegó a su final. Hablamos con diminutivos y le agregamos «la» o «el» a los nombres, como si abrazáramos con palabras a quienes nos rodean. Mendoza, Capital Mundial del Vino, donde cada rincón tiene su propio ritmo, su propio color, su propia voz.