Esta ilustración nace del dolor de ver a San Salvador arder bajo la promesa del progreso, frente a la tala masiva y la crisis climática. La composición central utiliza como metáfora un cono de construcción (símbolo de desarrollo urbano) que se derrite como helado sobre un suelo árido, derribando una placa de concreto del cual emerge un Maquilishuat (árbol nacional) derretido, mostrando cómo la urbanización desmedida se convierte en un molde de asfixia y calor. Y al fondo, siluetas de monumentos icónicos de la identidad de la capital. La paleta cromática en tonos cálidos, terrosos y un sol abrasador, enfatiza la sensación de sobrecalentamiento. La pieza busca reflexionar que San Salvador no necesita solo crecer hacia arriba, también necesita volver a crecer hacia afuera y hacia lo verde.

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