Una vez una ciudad llena de cafetales y campos abiertos, ahora es una ciudad llena de luces. De una pequeña ciudad rural fue forjada Santa Tecla, pues los cafetales se mezclaron con la ciudad, entre colonias y escuelas. Su aroma cambió de uno acaramelado, profundo y tostado, a uno quemado, desagradable y oscuro. Sus calles pasaron de ser tierra rica a asfalto quebrajoso; los cafetales en que nuestros padres y abuelos jugaban, ahora no son nada más que fantasmas, dejando ahora una ciudad urbana.

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