Este cartel busca transmitir la esencia de Córdoba a través de sus sensaciones, su gente y sus símbolos más representativos. El elemento central es la silueta de una flor de azahar, cuyo olor llena las calles de la ciudad cada primavera. En su interior se deja ver un patio cordobés, donde una silla con una guitarra es destacada en color amarillo para llamar la atención a primera vista. Este matiz resalta la cultura musical, el flamenco y la alegría que caracteriza a los cordobeses. Al fondo del recuadro blanco se intuye la puerta de la Mezquita-Catedral, icono de la ciudad y reflejo de su convivencia histórica entre culturas. Todo el diseño se envuelve en tonos verdes, en claro guiño a la bandera de Córdoba y a la vegetación de sus patios.
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