Entre montañas, Ahuachapán guarda su historia en pequeñas luces. Cada 7 de septiembre, sus calles se iluminan con farolitos en honor al nacimiento de la Virgen María, una tradición del occidente de El Salvador que reúne fe, memoria e identidad. Elaborados por artesanos con papel celofán y madera, estos farolitos representan las noches compartidas, las familias reunidas y una herencia que pasa de generación en generación. Esta celebración, única por su esencia e impacto cultural, nos invita a reconocer nuestras raíces y a mirar hacia nuevas oportunidades. Porque mientras exista una luz que encender, Ahuachapán valorará su historia y que su luz brille hacia aquello que forma parte de nuestra identidad salvadoreña. Y mientras exista tendrá una razón para volver a brillar.

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