San Salvador no solo es un lugar en el que vivir, sino uno que recordar. La ciudad cambia, crece y, junto a ella, cambiamos las personas, dejando atrás momentos que alguna vez fueron parte importante de nuestra vida. Mi ilustración representa esa relación entre vivir en el presente y recordar el pasado. Mi personaje, un hombre salvadoreño, camina con cansancio en las orillas de la calle que lo vio crecer; en su reflejo, una vista al pasado del mismo hombre, mucho más joven, con niños siguiéndolo y edificaciones antiguas. En el presente, los colores son fríos gracias a la simpleza, monotonía y cansancio de la vida; por otro lado, el recuerdo del ayer se mira mucho más vivo y cálido, demostrando esa emoción por vivir, pero encontrándose solo en el reflejo de lo que alguna vez fue.

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