San Salvador también está hecha de las historias que suceden en sus calles. El perro abandonado representa una de ellas, mostrando a través de su mirada el dolor y la vulnerabilidad de los animales que sobreviven en la ciudad. Al lamer el Monumento al Divino Salvador del Mundo, establece un vínculo entre estos animales y uno de los símbolos más reconocibles de El Salvador, intentando buscar en él un sentimiento de protección, apoyo, esperanza y cierto anhelo por una mejor situación de vida. El haz de luz que surge detrás de él nos recuerda que todo puede cambiar para mejor y que la ciudad puede comenzar a preocuparse más por sus habitantes. Además, este mensaje se refuerza con el monumento, que también tiene un significado que va más allá de ser simplemente un símbolo de la capital.
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