San Salvador, capital de El Salvador, es una urbe que cabe en una pupusa, uno de los platillos típicos más populares de nuestro país, llena de sabor, identidad, cultura, color y movimiento, que forma parte de nuestro diario vivir. Sus calles se convierten en hilos de queso que se conectan con quienes trabajan, caminan y viven en ella. Entre edificios, casas, vendedoras y familias, aparecen la desigualdad y la inseguridad, como aquellos riesgos que pueden pasar desapercibidos.
Es una ciudad repleta de color y vida, pero sostenida por fibras que pueden romperse.
Y por eso es que todo está a un hilo de queso.
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