El aumento de temperaturas por el cambio climático y el fenómeno de El Niño impactan la costa salvadoreña. La obra resignifica el nombre La Libertad no como emancipación, sino como la ilusión de evasión cotidiana frente a la crisis ambiental en el Puerto de La Libertad.

La composición utiliza el emblemático Muelle como estructura palafítica que resiste el aumento del nivel del mar. Ante este escenario, la figura del tacuazín funciona como una alegoría del habitante local y la fauna vulnerable. Refugiado en un balde de hielo, con alcohol y en estado de ebriedad, el personaje satiriza la evasión cultural: buscar sofocar el calor y la realidad mediante el exceso mientras la marea sigue creciendo.

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