Reimaginando Lima propone una ciudad donde nacer en una ladera no decida el futuro. El cerro San Cristóbal conserva su identidad: sus colores, sus escaleras, su gente. Y sus barrios dejan de vivir al margen. El tren que lo atraviesa cose la pendiente con el resto de la ciudad y convierte horas de viaje en tiempo para descansar, estudiar y compartir. El agua llega donde antes no subía, los árboles dan sombra a las escaleras y los espacios de encuentro devuelven a la calle su papel de plaza. El verde y el agua no son adorno, son bienestar compartido, la prueba de que la infraestructura puede repartirse con justicia. Reimaginar no es borrar el cerro, sino reconocerlo. Una Lima digna empieza cuando el lugar donde nacemos deja de definir cuánto tiempo perdemos y qué servicios recibimos.

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