El cartel presenta el perfil de una persona, cubierta por un turbante que se transforma en el mapa del departamento del Valle del Cauca, tierra que envuelve a Cali. Ese turbante no es una sola pieza, se compone de fragmentos, como retazos de papel o de memoria, que se unen para dibujar el territorio. Dentro de cada fragmento habita un lugar de la ciudad, sus edificios, sus esculturas, su historia, como si el paisaje mismo se llevara puesto, tejido sobre la cabeza de quien lo imagina. La figura y el fondo se dividen y se completan mutuamente, lo que falta en uno aparece en el otro, y así el rostro y la tierra se vuelven una sola silueta, un mismo gesto de pertenencia.

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