El sol que ilumina Lima es un plato de comida. Pero aquí no solemos simplemente comerlo: hay que acometerlo, con el tenedor en ristre, porque nuestro paladar exige ese bocado como nuestro espíritu exige la felicidad.
Las grandes migraciones a Lima trajeron consigo recetas y productos de todos los rincones del país. Llegaron los saberes, en muchos casos, milenarios de la selva, la sierra y costa norte.
A esta diversidad se suman las tradiciones culinarias de inmigrantes chinos, italianos, japoneses, etc.
El mapa de Lima lo definen los aromas de los aderezos al fuego, el perfume de los guisos que escapa de las casas, el humo blanco de las chimeneas de las pollerías y las flamas en las esquinas donde las anticucheras celebran la vida.
Al oeste, el vasto mar proveedor… ¡Chapa tu tenedor!
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