San Salvador es la ciudad de la nostalgia. Una ciudad donde los atardeceres tienen la calidez de una casa de pueblo y donde las paredes todavía guardan las huellas de quienes las pintaron, las construyeron y las hicieron suyas.
Imagina San Salvador como la cuna de los recuerdos que se quedaron atrapados en el tiempo. De las personas que te sonríen sin razón y de los que se reúnen en el centro simplemente para compartir un momento, como lo hacen los lugareños.
Hay algo bonito en imaginar una ciudad así. Una donde la gente pueda sentarse a tomar una horchata, comer un atol y quedarse un rato más, sin pensar en lo que les espera al volver a casa.
Quizás San Salvador siempre ha sido eso, un lugar lleno de recuerdos que todavía esperan convertirse en realidad.

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