Texto descriptivo
Vivimos cada vez más encerrados por nuestra arquitectura, que más que innovar refleja este “tiempo estancado” en el que habitamos. Nada cambia, pero nada volvió a ser igual. Nos acostumbramos a un equilibrio extraño, donde el mundo parece acabarse constantemente, mientras día a día somos testigos de nuestra resiliencia. Como un edificio imposible que se tambalea infinitamente, pero nunca colapsa.
El cartel es eso: un edificio enorme entre las nubes, semejante a un reloj de arena en frágil equilibrio. En su base, una figura observa, quizá temiendo la catástrofe o maravillándose con que, por frágil que parezca, jamás caerá. Una frase lo acompaña, recordándonos que estar presentes es vital, pues ansiar el futuro de inmediato nos priva de los frutos de nuestro recorrido.