Una mujer cierra los ojos y sueña la ciudad por venir. Sobre su cabeza crece un bosque de edificios como si el progreso germinara en su propio pensamiento. Una única lágrima desliza la nostalgia de lo perdido y la esperanza de lo que aún puede florecer. De su cuerpo, en lugar de heridas, brotan ramas: la naturaleza insiste, se alza y abraza el porvenir. Ciudad Mañana es un deseo silencioso —que el futuro urbano no ahogue nuestra humanidad, sino que la enraíce.