La ciudad del mañana no será de cemento gris, sino de raíces que respiran. Será un canto de hojas en los balcones, una sinfonía de pájaros que regresan al centro. Entre torres de vidrio crecerán jacarandás violetas, ceibos rojos, lapachos rosados. El aire no será humo, será savia compartida. En cada esquina habrá sombra y frescura, en cada plaza un refugio para la memoria. La tecnología será aliada, no muro, y nos enseñará a cuidar el agua, la energía, los suelos. La ciudad del mañana será más verde, por favor, porque sólo así será más humana.