La hoja-ciudad es a la vez un signo utópico y una advertencia crítica: la ciudad mañana deberá integrar lo verde en su ADN, de lo contrario, el concepto mismo de ciudad estará condenado. En este sentido, el cartel se convierte en un dispositivo de pensamiento visual, una pieza que abre preguntas más que dar respuestas, invitando a imaginar una ciudad que no oprime a la naturaleza, sino que se diseña a su imagen y semejanza.