San Salvador se cocina lentamente. La contaminación y el
deterioro ambiental han convertido el calor en una
presencia cada vez más difícil de ignorar. Dentro de un
horno, la ciudad se derrite bajo las llamas, como una
representación de un hogar que poco a poco se vuelve
inhabitable.

El fuego simboliza las consecuencias de nuestras acciones
y los edificios que se deshacen muestran la fragilidad de
una ciudad sometida a temperaturas cada vez más
intensas. No es solo que San Salvador esté caliente;
somos nosotros quienes, poco a poco, estamos subiendo
el fuego.

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