El cartel es un umbral visual que conecta la arquitectura prehispánica de Pachacámac con la vitalidad de su entorno natural. A través de la ventana trapezoidal, la flor de Amancaes emerge como un símbolo de vida sobre la solidez histórica del muro de adobes. Su paleta en tonos terracota, ocre y arcilla evoca la calidez de la tierra ancestral, invitando al espectador a contemplar este espacio como un legado vivo en constante armonía.

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