El canasto representa aquello que una comunidad recoge, conserva y transmite de generación en generación. Inspirado en San Juan Opico, reúne elementos de su territorio, como casas, iglesias, paisajes y productos de la tierra. La mujer que lo carga simboliza nuestras raíces indígenas, el trabajo manual y los conocimientos transmitidos a través del tiempo. Representa una sabiduría que permanece viva y forma parte de nuestra identidad. El bebé simboliza a las nuevas generaciones, quienes reciben y continúan este legado. Así, la propuesta conecta la ciudad con la tierra, la memoria, las tradiciones y el futuro, mostrando una comunidad que crece desde sus raíces sin olvidar aquello que la identifica. El canasto se convierte en un símbolo de identidad, unión y continuidad para seguir creciendo.

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