A partir de una problemática tan presente en Santo Domingo como las inundaciones, el agua deja de representar únicamente aquello que desborda y destruye para convertirse en una ventana hacia la ciudad que podríamos tener: más verde, caminable y humana. Una ciudad donde las calles vuelvan a pertenecer a las personas, el espacio público sea de todos y el futuro no sea solo algo que imaginamos, más bien algo que podamos construir.

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