En una ciudad hay muchas cosas que se diferencian por colores: el tono de la piel, las ideologías, la diversidad sexual y de género, las tribus urbanas o los estilos de vida. Vamos, que para gustos… los colores. Imagino una ciudad abierta a infinitos colores y con sus infinitos valores, pero donde todos compartan, sin excepción, los mismos derechos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

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