El cartel hace una interpretación del icónico símbolo madrileño de la estatua del oso y el madroño situado en la emblemática Puerta del Sol de la ciudad de Madrid, adaptándolo a una realidad urbana contemporánea marcada por la macro saturación turística.
Mediante una ilustración de línea limpia y un uso minimalista del color, la obra sitúa al oso atrapado en lo alto del madroño con una expresión de agobio y desamparo, mientras una multitud de turistas ajenos a él, absortos en sus mapas, cámaras y móviles, lo rodean de forma asfixiante.
La pieza invita a reflexionar sobre la masificación de las grandes ciudades planteándonos una pregunta clave: cómo equilibrar la apertura al turismo global sin deshumanizar ni arrinconar los propios símbolos e historia que hacen única a Madrid.

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