No conozco La Habana. Este cartel nace de ahí: de imaginar una ciudad que no conozco pero que siento cercana. Mi imaginario llega a través de mi amigo Damián, músico y trompetista cubano afincado en Madrid. Nace de su forma de hablar, de tocar, de mirar, de su color de piel.

Imagino La Habana llena de color, texturas, música y cierta imperfección. Por eso he construido este cartel desde la pintura, la mancha, la pincelada y el gesto. Las pinceladas permanecen visibles, los contornos son irregulares y el color se sale, se mezcla y deja huella. No busco representar una ciudad de forma precisa, sino pintar la sensación que me produce imaginarla. Imagino a Damián tocando la trompeta, improvisando, llenándolo todo de melodía, sonidos y colores.

Esta no es La Habana. Es la Habana que imagino.

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