Los monumentos (aquí representados por la Puerta de Toledo) y otros elementos arquitectónicos y artísticos son bienes que no sólo embellecen la cuidad, sino que la ayudan a construir su identidad a lo largo del tiempo porque conmemoran un hecho o evocan una época determinada. Pero el conjunto de estos elementos urbanos no debe ser el único eje por el que transcurra la vida urbana. La cuidad es mucho más que su patrimonio artístico. La cuidad es el resultado de la constante actividad de sus ciudadanos; ellos deben ser los verdaderos protagonistas. Por eso debemos encontrar el camino para conseguir el equilibrio entre belleza y funcionalidad. Tener una cuidad hermosa en la que no se puede vivir no tiene ningún sentido.

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