La propuesta imagina una Habana que vuelve a tener luz. Una luz entendida no solo como respuesta poética a la carencia de electricidad y a las dificultades que atraviesa el país, sino también como símbolo de esperanza.

Sobre una arquitectura deteriorada, el dibujo reconstruye fachadas, balcones, ventanas y espacios habitables. La ciudad aparece así como una imagen todavía posible: una Habana que recupera su energía, su belleza y su capacidad de volver a ser una ciudad maravillosa.

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