Imagino una Barranquilla donde la cayena, nuestra flor insignia, junto con el roble morado y el roble amarillo, flora autóctona de nuestra región, se apropian del espacio público, vistiendo de color cada sendero y parque. Esta visión propone una urbe que no solo destaca por su evidente desarrollo, sus monumentos, su arquitectura icónica o el talento de sus mujeres líderes; sino que es una ciudad que florece desde sus raíces al otorgarle al paisajismo y al medio ambiente la importancia que merecen, al integrar nuestra identidad natural con el progreso urbano, imaginamos una Barranquilla que se consolida como un territorio verdaderamente sostenible.

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